Parece que por primera vez en muchos años el campo de paz israelí comienza a cosechar los frutos de su trabajo. Aturdido por el éxito de la lucha que desenmascara a Israel ante el mundo como un Estado apartheid, quienes controlan los poderes del Estado han iniciado una contracampaña difamatoria, despilfarradora y ruin para enterrar bajo la alfombra las graves violaciones contra los derechos humanos que perpetra Israel. La campaña incluye, por ejemplo, el informe del Instituto Reut, donde se retrata a los activistas de la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) como una especie de conciliábulo de Sabios de Sión que actuarían según los métodos de los célebres (y falsos) protocolos.
También se ha puesto en marcha una ofensiva mediática sin precedentes contra los "deslegitimizadores". El ministro Avigdor Lieberman ha declarado que su actividad está "financiada por Estados enemigos".
Todo esto ocurre en el contexto de las medidas violentas e ilegales adoptadas por el ejército israelí para aplastar el movimiento popular palestino de lucha no violenta, medidas que incluyen la utilización de munición de guerra contra civiles desarmados y las detenciones masivas de activistas palestinos a los que se mantiene presos sin juicio.
La reacción palestina a todo esto consiste a lo sumo en algún que otro lanzamiento de piedras por mor de la ley "Dromi" (que ha legitimado la muerte a tiros de un intruso por parte de un agricultor israelí) (1). Esta respuesta palestina es muy suave, teniendo en cuenta que un poderoso y violento ejército está invadiendo y robando sus tierras.
No, definitivamente nada de esto guarda la más mínima relación con una conspiración del estilo de los "Protocolos de los Sabios de Sión". Y tampoco se trata de los espectros antisemitas de una vieja izquierda europea. Al contrario, se trata del esfuerzo conjunto de multitud de seres humanos, tanto de Israel como del resto del mundo, inspirados por el legado de Nelson Mandela, Martin Luther-King, Primo Levi y Mahatma Gandhi.
¿Quién hubiera creído que esta auténtica y profundamente enraizada izquierda, que carece de dirección central, sería capaz de desestabilizar y amenazar finalmente a la autoindulgente complacencia israelí?
¿Qué tienen de especial estos nuevos grupos? Al parecer, lo nuevo es su comprensión de que la lucha de los palestinos de los Territorios Ocupados para liberarse de la ocupación y del apartheid, así como la lucha de los ciudadanos palestinos de Israel para emanciparse del racismo y la discriminación, sólo puede tener éxito mediante la solidaridad y la cooperación con aquellos que viven ocupados y discriminados.
Un nuevo campo de paz y justicia se ha unido a la lucha palestina desde una perspectiva de humildad y solidaridad con todos los palestinos que han optado por medios no violentos para luchar contra la ocupación y el racismo, y desde la gratitud por haber invitado a los judíos a participar en su lucha.
El establishment israelí, acostumbrado a tratar a los israelíes como obedientes soldados y a los palestinos como súbditos atenazados, sabe que no hay mayor peligro para su régimen que el incipiente frente binacional. Si no hay separación entre judíos y árabes, ¿cómo podrán seguir controlándonos azuzando miedo y odio hacia el "otro"?
¿Cuál es el objetivo de la lucha? El establecimiento de uno o dos Estados sobre la base del derecho internacional y del principio básico de la igualdad humana, independientemente de raza, religión y género.
En este momento la lucha se centra en dos cuestiones:
La primera son las manifestaciones conjuntas no violentas de Bil'in, Neabi Salah, Ma'asara, Sheikh Jarah, Ni'lin, el barrio de Ajami en Jaffa, Lod y de cualquier lugar donde el racismo institucional israelí asome su odiosa cabeza. La segunda cuestión es la construcción en Israel y en todo el mundo de un movimiento de solidaridad que, bajo el epígrafe BDS (Boicot, desinversión y sanciones), apoye la igualdad civil completa de todos los seres humanos.
La cuestión no es tanto el número de productos de la industria de ocupación que el movimiento haya logrado boicotear. El criterio más importante es el nivel de conciencia que se ha logrado despertar en el mundo respecto a la incesante injusticia que perpetra Israel con el amplio apoyo de sus ciudadanos.
¿Quién se hubiera imaginado que la agonizante izquierda israelí fuera a propiciar la eclosión de un campo de activismo real, con jóvenes dispuestos a renunciar a su estatus privilegiado, a ponerse en peligro y a desafiar el racismo y el apartheid tan obscenamente ilegales que constituyen el rasgo dominante de nuestra sociedad? Los ciudadanos israelíes están dispuestos a salirse del consenso, también por el bien de nuestra sociedad, y a apoyar la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones. Estos ciudadanos israelíes no permiten que nadie suavice ni distorsione su nítido mensaje, ya sea ofreciéndoles beneficios, ya sea amenazándolos con privarlos de sus medios de subsistencia.
Unirse a la BDS es decir "sí" al diálogo con los palestinos, con el mundo y con el público israelí, que ha enterrado su cabeza bajo la arena.
A cualquier persona con ojos en la cara le resulta obvio que la lucha conjunta no-violenta en forma de manifestaciones dentro del ámbito de control israelí y en forma de sanciones fuera de él es lo único que puede contrarrestar con éxito el control casi absoluto de la derecha sobre la política y el discurso israelíes.
Y la verdad del asunto es que cuando miramos a los que nos difaman la cosa resulta obvia: ¡Tienen M-I-E-D-O!
Udi Aloni es un cineasta israelí-estadounidense autor de obras como "Izquierda", "Local Angel", "Kashmir, Viaje a la Libertad" o "Perdón". Puede ser contactado a través de su página web.
1. Ley Dromi: Nombre genérico que agrupa a cuatro leyes en virtud de las cuales es legal en Israel disparar contra una persona que irrumpa en una propiedad privada. Fueron tramitadas como respuesta al caso del agricultor israelí Shai Dromi, que mató a tiros a un ladrón beduino que irrumpió en sus tierras y que por dicha causa ha sido acusado de homicidio |